«Voy a ser juzgada». Esa fue la primera idea que me vino a la mente cuando mis amigos querían verme. Si desde que empezó tu despertar espiritual sientes que tus amistades ya no son las mismas, este artículo es para ti: te cuento cómo viví yo ese cambio.
De muchos amigos a poquititísimos
Cuando vivía en México era muy amiguera: tenía muchos amigos y me encantaba convivir. Después me mudé a Francia y, entre la cultura y el hecho de que acababa de llegar, me fui quedando con muy pocos. Las personas me parecían un tanto extrañas, o tal vez la extraña era yo. Con los amigos que conservé, mi despertar espiritual coincidió con las invitaciones a reuniones y visitas, y mi primer pensamiento era: «¿De qué voy a platicar con ellos?».

Cambié mi alimentación y mi forma de vivir
Mientras ellos me contaban de fiestas y de lo que habían hecho el fin de semana, yo estaba transformando mi vida. Dejé por completo los alimentos de origen animal, las harinas y todo lo industrial para seguir la alimentación cuántica, y entendí que muchos maquillajes no eran buenos para mi cuerpo. Yo, que antes me maquillaba bastante, ahora quería algo muy sencillo en mi alimentación y en toda mi vida.
Entonces apareció el miedo: «Si me reúno con ellos me van a decir: ¿qué te pasó?, ¿por qué no te maquillaste?, ¿estás enferma?». Los típicos comentarios. Y como yo no vivía en un lugar con mucho sol, cuando regresaba a México llegaba palidona, sin maquillaje y sin sol.
La brecha: cada quien en su canal
En las últimas reuniones con algunas amigas me di cuenta de que había momentos en blanco: ellas hablaban de temas que se comprendían entre sí y yo trataba de no juzgar y solo escuchar. Pero cuando me tocaba hablar, lo que salía de mi voz y de mi pensamiento era espiritualidad. No puedo no hablar de espiritualidad; es como pedirme que no respire. Cuando terminábamos hablando de lo que yo veía, me decían: «Tú no eras así. Cambiaste mucho». Y yo respondía: «Pues sí, cambié. Todos cambiamos». No me sentí nada cómoda.
Entendí que, igual que me había pasado con mi familia y con mis colegas de trabajo, se había formado una brecha a causa de mis cambios espirituales y energéticos. Ellos estaban en un canal y yo en otro: sus conversaciones giraban en torno a fiestas, a ir a comer a tal lugar hasta reventar, a las películas del momento. A mí no me interesan la televisión ni Netflix; me gusta ver el sol, sentir la nieve y hablar conmigo misma.

Cada persona viene con un objetivo
Hablar de otras personas también dejó de interesarme. No te voy a decir que yo era una santa, porque nunca lo fui, pero comprendí que no es recomendable: cada persona viene con un objetivo y con sus propias vidas pasadas, y no todos venimos a lo mismo. Hay quienes vienen a hacer negocios, a mostrarse, a triunfar; otros vienen a descansar. Cuando lo entiendes, dejas de juzgar y de sentirte juzgada.
Si te está pasando lo mismo
- Escucha sin juzgar, como traté de hacerlo yo.
- Recuerda que cada quien tiene su propio objetivo y su propio ritmo.
- No te obligues a callar lo que es esencial para ti, ni a hablar de lo que ya no resuena contigo.
- Busca espacios donde puedas hablar de espiritualidad con libertad.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que cambien mis amistades cuando despierto espiritualmente?
A mí me pasó con mis amigos, con mi familia y con mis colegas: cambian los intereses, la alimentación y la forma de ver la vida, y se forma una brecha.
¿Cómo manejo el miedo a ser juzgada?
Yo aprendí a escuchar sin juzgar, a respetar el camino de cada quien y a recordar que todos cambiamos.
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